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domingo, 9 de junio de 2019

Claustrum sine armario, quasi castrum sine armamentario

O acerca de cómo se guardaban los libros

Geoffrey de Breteuil (c. 1125 - c. 1195), teólogo y monje francés, es el autor de esta conocida cita: "Un convento sin biblioteca, es como un castillo sin arsenal" (ALLEN, 2011, p.115) . Y es que los libros son la munición del espíritu y siendo objetos de gran valor, fueron celosamente atesorados.

Ese "armarium" era el lugar en el que se almacenaban los preciados volúmenes y es, precisamente, la forma de guardar los libros a lo largo de la historia el tema al que vamos a dedicar esta entrada.

En los tiempos de Godofredo, el s. XII, el formato de los libros era ya el de códice: pliegos doblados formando cuadernillos, cosidos entre sí y protegidos por una encuadernación. Y los armarios donde se guardaban eran parecidos a lo que hoy llamaríamos alacenas o roperos, tendiendo cada vez más a cerrarlos  bajo llave durante la Edad Media (PETROSKI, 2002, p. 62).

La representación más famosa de un "armarium" medieval se puede encontrar
en un famoso manuscrito del s.VIII, la Biblia conocida como Códice Amiatinus.
En el fol. 5r, hay una miniatura que representa a Ezra escribiendo junto
un gran armario de libros, estos están colocados en vertical sobre los estantes. Fuente: aquí.


Primera representación conocida de un "armarium", aparece en un sarcófago de mármol
de la Villa Balestra en Roma. Datado h. 200 d.C. La pequeña librería tiene las puertas abiertas
 y vemos tres baldas, la superior con ocho rollos, la del medio con un objeto parecido
 a un plato o bol. Encima está apoyado lo que parecen unas tablillas de cera donde
 quizás el lector fuera tomando apuntes. Fuente: aquí.
 

"Armarium" del Monasterio de La Oliva. Fuente: aquí.

También se usaban como sistema de almacenaje los cofres de libros. Durante el medievo, el traslado de una biblioteca solía hacerse en los mismos cofres donde se guardaba. Los había que se cerraban con una o varias llaves y algunos tenían patas que elevaban su base por encima del suelo, protegiéndolo de la humedad (PETROSKI, 2002, p. 71).

Detalle de: Cambrai, 1320-40, Bibl. mun., ms. 0620, f. 001 - vue 7, s. Fuente: aquí.


Detalle de: Cambrai, 1320-40, Bibl. mun., ms. 0620,  f. 001 - vue 4. Fuente: aquí.


La producción de manuscritos en Europa durante el s. XII se calcula en unos 900 mil ejemplares (superando con creces los 250 mil del siglo anterior) (BURINGH et al., 2009). Los libros se realizaban, en su mayoría, en monasterios, pero con el nacimiento y desarrollo de las universidades esta tarea salta los muros conventuales, secularizándose cada vez más su elaboración.

Los cofres de libros, especialmente en los monasterios, se multiplicaban sin cesar. Este sistema era práctico para salvaguardar los valiosos códices, pero creaba problemas de gestión y accesibilidad. Dentro de los baúles los manuscritos se apilaban unos sobre otros, identificándose el contenido de cada cofre mediante una tabla pegada al interior de la tapa.

Los armarios equipados con estantes facilitaron un mayor cuidado de los libros, permitiendo de forma mas sencilla encontrar y consultar el volumen deseado.

A medida que los fondos fueron creciendo en los monasterios y, luego, en las iglesias y universidades, se empezaron a destinar habitaciones separadas para su almacenamiento (PETROSKI, 2002, pp.85-86). Comienzan a gestarse las grandes bibliotecas.

S. XII-XV

La mayoría de las representaciones antiguas de interiores con bibliotecas son del s. XV.

En estas imágenes abundan dos modalidades:

- Libros en estantes inclinados, que se apoyan sobre el corte inferior y la trasera. De esta forma se exhibía la encuadernación cual obra de arte (PETROSKI, 2002, p. 57). Este sistema de sujeción del libro verticalmente inclinado se emplearía también en el diseño de los atriles.

Detalle de la obra de Vittore Carpaccio. Visión de San Agustín 1502.
Scuola di San Giorgio degli Schiavoni. Fuente: aquí.



Simon Bening (Flemish, 1483-1561). St. Luke Writing in Crown, 1521.
Painting on parchment, 5 3/16 x 3 11/16 in. (13.2 x 9.3 cm).
Brooklyn Museum, Bequest of A. Augustus Healy, 11.504 (Photo: Brooklyn Museum, 11.504_PS2.jpg). Fuente: aquí.



Se conservan ejemplares cuyas encuadernaciones estaban dotadas de unos tacos o clavos metálicos en el corte inferior, sobre el que se apoyarían los libros en este tipo de estanterías inclinadas, así como en los atriles.

Late medieval bookbinding with "feet," Leiden, University Library, BUR MS Q 1, c. 1100.
Photo: Erik Kwakkel. Fuente: aquí.


- Libros en estanterías guardados horizontalmente con uno de los cortes inferior, superior o delantero a la vista.

Simon De Hesdin au travail dans son cabinet 1479 par un maître anonyme Bruges au XVe siècle.
British Library Royal 18 E III f. 24. Fuente: aquí.



Hl. Ambrosius, 1490-95. Wien, Österreichische Galerie. Fuente: aquí.



S. XVI

Con la expansión de la imprenta por Europa la producción de libros experimenta un crecimiento sin precedentes, durante este siglo se contabilizan 300 millones ejemplares impresos, y había que ir haciéndoles hueco. Apoyar los libros en los estantes sobre su corte inferior exhibiendo su tapa, o abierto como en la imagen inferior, ocupaba un espacio que empezaba a escasear. La ordenación de las bibliotecas comienza a experimentar con variantes y se buscan nuevas formas de apilar los volúmenes

Bonaventure, a biographer of Francis of Assisi, in his study. Attributed to Stefano Lunetti, Bonaventure, Legend and Life of Francis of Assisi (with Miracles), Florence, 1504;Harley MS 3229, f. 26r. Fuente: aquí

En la siguiente imagen es curioso ver uno de los libritos sobre la mesa que descansa sobre su corte delantero, igualmente están así almacenados los que se ven en la estantería del fondo.

Cardinal Albrect of Brandenburg as St. Jerome. Painting by Lucas Cranach the Elder (1526). The painting is in a private collection. Fuente: aquí.


S. XVII

El volumen de producción de libros sigue en aumento, durante este siglo se calculan unos 700 millones de libros impresos en Europa. Las bibliotecas se afanaban en buscar fórmulas para dar hueco al creciente número de volúmenes que iban llenando los espacios destinados a albergar sus colecciones.

Guardar los libros exponiendo su plano anterior ocupaba demasisdo espacio y apilar los libros horizontalmente se hizo muy poco práctico al aumentar el número de ejemplares. En cambio, si se almacenaban verticalmente uno junto a otro, se podía disponer de la obra buscada con facilidad, aumentando la capacidad de almacenaje en las estanterías. Teniendo en cuenta que para controlar las colecciones los libros eran encadenados a los muebles, la forma más lógica de colocarlos en posición vertical era con el corte delantero hacia fuera.

Grabado de la Biblioteca de la Universidad de Leiden de 1610, impreso por Woudanus. Fuente: aquí

Aquí aún podemos ver los libros guardados verticalmente y con el corte delantero hacia fuera.

 Cupid tugs at the sleeve of the scholar immersed in his books to point to his mother Venus hammering a heart on an anvil before ?the scholar's wife/girlfriend. From the album of Johannes Amstel van Mijnden -- allentries dated 1600-1602. Den Haag, KB 74 j 37, f.7r. 

En este grabado satírico vemos la estantería llena de libros, la mayoría en vertical, pero todos con uno de sus cortes a la vista.

DescriptionFrontispiece to "Pedantius. Comoedia Olim Cantabrig. Acta" (1631): an elaborately-dressed schoolmaster, probably representing Dr Thomas Beard, stands full-length, holding a birch, with two pupils behind him and a shelf of books over his head. 1631
Engraving. Fuente: aquí

Esta librería apila unos libros sobre otros, en horizontal, con el corte inferior expuesto y la intitulación.

Francesco Righetti, ca. 1626-1628 by Guercino (1591-1666) via:@Libroantiguo. 

En la siguiente pintura vemos que tiene un poco de todo.

Vanitas with a Sundial, c.1626-40 (oil on canvas) Posters & Prints by French School. 

Este otro grabado es muy interesante, en el podemos ver los libros almacenados verticalmente (salvo un par de ellos) pero algunos ya se guardan con el lomo hacia fuera.

Jaques Du Bosc. The excellent woman. London, 1692. Folger Shakespeare Library. Fuente: aquí


S. XVIII

En el siglo de las luces son 1.000 millones los libros que salen de las imprentas europeas. Cifras que lejos quedan ya de los casi 27 millones de manuscritos e impresos producidos durante todo el s. XV. El mercado estaba poniendo al límite la capacidad de los productores de papel, encuadernadores, etc. (pero estos puntos los trataremos en otra entrada). Las bibliotecas rebosaban libros y cada vez mas gente podía permitirse tener su propio gabinete privado de lectura

Giuseppe Maria Crespi 'Bookshelves with music books' 1725-30 Oil on canvas Civico Museo Bibliografico Musicale, Italy. 

S. XIX-XX

Para esta época veremos solo unas cuantas imágenes que ilustran perfectamente la forma en la que los libros eran almacenados, sistema que ya nos es del todo familiar, a grandes rasgos.

Sobre el s.XIX y el libro hablaremos en el futuro en diversas entradas ya que es una época que me fascina.

Depósito de la Biblioteca Nacional. Fot Carlos Montes. Fuente:aquí

Sección de catalogación de la Biblioteca Nacional. Fot Miguel Cortés Faure. Fuente: aquí

A MODO DE CONCLUSIÓN

Todo lo que hemos visto sobre la cronología y la forma de almacenar los libros no es normativo, al final cada cual guardaba los libros a su manera y de hecho me ha llamado la atención (aparte de por el ingenio de lectura múltiple) este grabado de finales del s. XVI:

 “The Diverse and Artifactitious Machines of Captain Agostino Ramelli”, 1588.

Creo que uno de los análisis interesantes, y de relevancia para el conservador-restaurador, sobre el modo en que se guardaron en un momento dado los libros (sistema que, además, la mayor parte de las veces se ha visto alterado) es poder descubir ciertas evidencias de estos hábitos en su materialidad, como pueden ser la presencia de ciertos refuerzos, anclajes, marcas de desgaste, intitulaciones, etc. Detalles que con el estudio y la observación, analizados en su contexto, podrían ser revelados como evidencias.

Y es que sólo aprendiendo a mirar, podremos empezar a ver.

















domingo, 6 de marzo de 2016

VER PARA LEER… SOBRE EL ORIGEN DE LOS ANTEOJOS



Me gusta pensar en cómo se pudieron sentir las personas que vivieron la ¨primicia¨ de ciertos inventos que hoy día son objetos tan cotidianos como indispensables. Cómo reaccionarían ante la aparición de aquellos desconocidos artilugios que cambiarían sus vidas en ciertos aspectos, sin duda también se daría el caso en el que no se vieran estas novedades con buenos ojos, aunque lo que hoy nos ocupa se trata, precisamente, de “curar” la vista.

 
"Que Santa Lucia te conserve la vista" este dicho popular está asociado al culto de la Santa patrona de los ciegos, los oftalmólogos y las modistas (ya que de ellas se decía que se quemaban la vista cosiendo a luz de las velas). La imagen representa a la perfección la gran preocupación que siempre ha existido por mantener la salud de los ojos. Capilla de la Fundación Vega, 2014. Fotografía: Covadonga Miravalles.


Hace algo más de un año que empecé a indagar sobre el tema de las gafas, creo que fue poco después de volver a leer la maravillosa novela de Umberto Eco “El Nombre de Rosa” en la que su principal protagonista Fray Guillermo de Baskerville, guarda celosa y recelosamente un par de estos artefactos “oculi de vitro cum capsula”, que si bien se trataban de un inestimable tesoro para este sabio monje, no desconocía que podrían desprender cierto olor azufrado en algunas parosmiosas narices.

 
Un diablo con anteojos, esta imagen del s.XVI tal vez sea una representación de Titivillus, puesto que además de las gafas lleva un saco a sus espaldas que es un atributo de este ser que se encargaba de llevarse los errores de los amanuenses y por los que deberían rendirle cuentas. Vidriera de la Iglesia de St. Mary de Fairford, Gloucestershire. Datada entre 1510 y 1515. Imagen tomada del Corpus Vitrearum Medii Aevii, disponible online aquí.

Fue entonces cuando algunas cuestiones comenzaron a rondarme: desde cuándo se utilizaban las gafas, qué pensaba la gente sobre ellas cuando aparecieron, cómo fueron evolucionando… Según fui avanzando en mi pequeña investigación he de confesar que verdaderamente me sorprendieron algunas respuestas, de tal forma me atrapó este tema que llegué a dedicar largas horas de mi tiempo libre a seguir indagando, porque, además, a cada paso que avanzaba nuevas preguntas surgían: por qué son objetos arqueológicos de tan escasa presencia, cómo podemos rastrear su historia, habrán pasado estos artefactos frecuentemente desapercibidos entre otros objetos…


Estas simpàticas miniaturas de pequeños seres que se asoman muy serios con sus anteojos aparecen en las orlas del manuscrito francés del s.XV en pergamino de la Boldeian MS. Douce 80. Imagen tomada del album de Flickr de Peter Kidd aquí.


Al empezar esta andadura uno de mis primeros pasos fue la siempre esperanzadora búsqueda por internet, donde felizmente encontré una rigurosa y extensa fuente de información en la página web del Conservador Dr. David A. Fleishman: http://www.antiquespectacles.com/.

En esta web encontré muchas respuestas. Amablemente el Dr. Fleishman aceptó mi colaboración para traducir uno de los apartados de su web en el que se referencian las primeras evidencias arqueológicas halladas hasta hoy de estos artefactos, podeís acceder a su conteindo aquí.

Detalle de la obra del extraodinario artista Jan van Eyck (h.1390 - h.1441) "Madonna des Kanonikus" de 1436, óleo sobre tabla. Imagen tomada de wikipedia aquí.

Tras este primer acercamiento he de reconocer que me quedó un sabor agridulce, pues pude comprobar que no había ni un solo ejemplar arqueológico procedente de España. Aunque es cierto que sigo a día de hoy tratando de localizar en algún museo o institución española alguna evidencia de anteojos primitivos, y tengo la convicción (o esperanza)  de que alguno ha debido llegar a nuestros días, quizás en algún rincón de una vitrina o durmiente en alguna caja de depósito permanece alguna muestra de estos artefactos... Si bien he visitado centros especializados en óptica y contactado con algunas instituciones he de deciros que de momento nada. 

 
Anteojos hallados en las excavaciones arqueológicas de Trig Lane, Londres.  Es habitual encontrar los anteojos fragmentados y sin los vidrios. Imagen tomada del blog de The Syon Abbey Society aquí.


Tampoco pierdo oportunidad de comentarlo con colegas que trabajan en zonas susceptibles de contener este tipo de objetos! Tal vez en algún trabajo de restauración de una Iglesia, al mover algún retablo, sillería, suelos… tal vez puedan recuperarse algunos de estos ejemplares, pero que no queden en el anonimato pues es de gran  interés poder situar en la historia tan maravilloso invento que al igual que nos devolvió la luz, debemos nosotros sacarlo de las tinieblas.

En la Biblioteca de Universida de Freiburg (Ms. L 64) se conserva un excepcional breviario cisterciense, datado en la segunda mitad del s.XV cuya tapa delantera ha sido trabajada para albergar unas gafas. Imagen tomada del blog de Histoire du Livre por Frédéric Barbier aquí


BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES DE ESTUDIO:

Web del Dr. Fleishman aquí
Artículo sobre evidencias arqueológicas de lentes de la Syon Abbey Society aquí
Sobre la invención de los anteojos del College of Optometrists aquí.
 
La obra más completa que he podido consultar editada en español es la siguiente:
BORJA DEVESA, JOSÉ MIGUEL “Historia gráfica de la óptica”, Editorial JIMS, Barcelona, 1989.



Recopilación imágenes de anteojos antiguos en mi tablero de pinterest aquí.

Otras obras que me encantaría consultar:
POULET, W. “Atlas on The History of Spectacles”, Wayenborgh, 1978.
Nota: W. Poulet es el pseudónimo que adpotó Jean-Paul Wayenborgh ppara escribir esta obra en la que presenta más de 2000 muestras de anteojos antiguos de la Colección Zeiss en Almania, la Hallauer en Suiza y la de Pierre Marly (ahora llamada Essilor).
DE LOTO, ENRICO. “Storia e technologia degli occhialli” Ed. San Marco, 1966.
ORR, HUGO. “Illustrated History of Early Antique Spectacles”, Kent, 1985.


Cuando escribí este pequeño artículo aún no había sucedido la triste pérdida de Umberto Eco, D.E.P.
Desde aquí mi humilde homenaje a su memoria.
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